Una experiencia bystander contada por una estudiante universitaria
Una estudiante que observa en la calle a alguien que está en problemas y que podría sentirse hostigada sexualmente. Por ello, decide tomar una medida creativa sin arriesgarse.
BYSTANDER EN LA UNIVERSIDAD
Danicsa Marilin Gomes Vargas - Estudiante UNMSM - Primera promoción Bystander
7/15/20251 min leer
Me encontraba caminando por la calle hasta que me percaté de una chica que tenía el vestido muy alto. Ella se dio cuenta, pero a pesar de que intentaba bajárselo un poco, éste se resistía y seguía subiéndose.
Las personas se la quedaban mirando fijamente, algunos incluso con la boca abierta, pero nadie hacía nada por ayudarle. Yo me sentí incómoda viendo cómo todos observaban sin actuar, como si ella no mereciera ayuda.
Recuerdo bien ese día porque yo llevaba un peluche gigante que acababa de comprar, y decidí acercarme a ella de manera discreta. Así, que hice lo que en ese momento se me ocurrió: Me puse detrás para cubrirla, sin hacerla sentir incómoda o avergonzarla. Entonces la acompañé, caminando, silenciosa y discreta, como una escolta, hasta que llegó a donde ella tomó moto. Cuando ya estaba alejándose continué con mi camino.
Lo que hice no es un acto heroico o complicado, pero me dejó pensando en lo importante que es actuar con empatía, sobre porque muchas veces los otros no lo piensan hacer.
Algo que aprendí es que ser un bystander significa no quedarse de brazos cruzados, sino buscar ayudar a quien lo necesita sabiendo que la única recompensa al final del recorrido es que le ayudamos a alguien a superar un mal momento.
