Acoso callejero y la respuesta de una bystander

Una estudiante es hostigada sexualmente en un autobus, pero recibe el apoyo de tres bystander mientras viajaba de regreso a casa.

BYSTANDER EN LA UNIVERSIDAD

Layla Callupe Ojeda - Estudiantes UNMSM - primera promoción bystander

7/16/20252 min leer

red and black train seats
red and black train seats

El acoso callejero en el Perú es un problema que se sufre diariamente, en especial si eres mujer. Es común escuchar comentarios sueltos desagradables, silbidos o sentir miradas incómodas. Uno de esos días para olvidar, pasé a formar parte de esa estadística de personas acosadas... pero también comprendí la importancia de ser un bystander.

Llevé un curso en la universidad sobre este tipo de intervenciones. Es normal quedarte con algunas nociones, o incluso ideas sueltas sobre cómo actuar ante situaciones donde un tercero necesita de tu ayuda. Pero ¿acaso la perspectiva cambia cuando eres tu quien la necesita? ¡¡Definitivamente sí!!

Esta historia comienza un día cualquiera. Regresaba de la universidad en hora punta, cuando los buses van repletos y el tráfico casi no avanza. Era un escenario relativamente común, pero ese día ocurrió algo distinto. Estaba cerca de la puerta delantera del bus, arrinconada al primer asiento. Intenté acomodarme lo mejor que pude para no molestar a nadie y de paso vigilar mi mochila. De pronto, sentí un cuerpo el doble de grande que el mío justo detrás, y peligrosamente cerca. Al principio, intenté racionalizarlo todo pensando “Todos vamos apretados”. Sin embargo, con el paso del tiempo el hombre se pegaba cada vez más. En ese momento me quedé en blanco, incapaz de procesar lo que ocurría y de actuar en mi defensa. No podía, no quería, pensar en ello. Solo me quedé ahí, inmóvil.

Pasaron largos minutos, quizás una hora. De pronto, por el rabillo del ojo, noté a un grupo de chicas al costado. Ellas empezaron a cuchichear entre sí y, de repente, una agarró al chico del brazo para apartarlo, señalándole de manera aparentemente amable, que ya había espacio en el bus. Luego de escucharla, sentí que podía respirar nuevamente... pero el hombre no se movió, les ignoró. Entonces, otra voz intervino: “Amiga, ven. Te vas a acomodar mejor con nosotras. Dame tu mochila”. Y entre las tres, sostuvieron mi mochila, me ayudaron a sujetarme y me alejaron lo más posible de ese sujeto.

La emoción que me embargó fue como un balde de agua fría y mis pensamientos me golpearon de repente. Fue recién en ese momento cuando caí en cuenta de lo sucedido, y noté un detalle horrible; en el bus hubo espacio para avanzar desde hacía un largo rato.

Esas tres chicas fueron figuras claves para mí. Actuaron apenas entendieron la situación y, además... y me mostraron lo que había aprendido en clase y a mí me gustaría hacer. Estar en esa posición es horrible; el miedo y la impotencia son abrumadoras. Mi mensaje final es directo, debemos ser más empáticos, para construir espacios más seguros y reducir las oportunidades de acoso. Y, sobre todo, recordar que en la vida encontrarás personas que te ayudan, pero debes estar dispuesta a ayudar a otro cuando lo necesité.

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